29 oct. 2012

La voz del hincha Auriverde.

Amor Tribal: "Cronica de viaje a Colonia del Sacramento" 27/10/2012.

Tengo un amigo “sociólogo” del asfalto que siempre me dice que el futbol uruguayo está compuesto por tribus urbanas, con su propia cultura particular que las identifica. Y siempre me dice que Cerrito es una de las tribus más extrañas. No resiste un simple análisis, por que nunca se le puede encontrar una lógica de comportamiento, ya que es de lo más imprevisible. Tanto van 3500 personas a verlo, como de repente van 50. Tanto se porta muy bien, como de repente se porta muy mal. Tanto es capaz de plasmar un movimiento cooperativo que lo lleve a construir un estadio y acondicionarlo (después de tantos años de espera), como de repente terminan todos confrontados en discusiones existenciales y distanciados a muerte.
 Al empezar esta crónica de viaje hacia la ciudad de Colonia en ocasión de la tercera fecha del campeonato de la B de la Asociación Uruguaya de Futbol, se me vienen a la mente los conceptos de mi amigo, porque a veces ni yo entiendo cómo hacemos para seguir respirando en este futbol donde todas las luces de neón apuntan hacia cualquier lado menos hacia la Iglesia del Cerrito.
Y me pregunto además, qué extraño encanto feroz y que misterioso magnetismo tiene esta tribu auriverde.
Como se puede volver a las canchas después de tanto tiempo, dos años y medio de no estar, de no ir, de vivir irritado con una serie de situaciones extrañas, como si nada hubiera pasado. Eso se explica en forma muy sencilla : Nunca se deja de querer. Nunca se muere la ilusión.
En el Cerrito siempre hay espacio para la discrepancia y siempre hay espacio para el debate, para la lucha. Pero lo que nunca se puede perder es la convicción de que lo único que importa en esta vida, es seguir viviendo intensamente, como si cada día fuera el ultimo.
Y con esa convicción nos fuimos un puñado de auriverdes hacia la ciudad de Colonia, como en tantas jornadas épicas, recordando esos momentos de antaño, que se guardan  en un baúl al costado del corazón.
Las monstritas vip gestionaron a pulmón y a corazón el suministro de la bañadera, la gente se fue congregando en el Club el viernes, y por momentos se vivieron momentos tensos, las dudas de toda la vida, los morlacos que no aparecen, comienza la angustia, la ansiedad, los nervios de no pdere ir todos juntos. Pero como siempre pasa en el Cerri, el esfuerzo colectivo en situación límite se impone a la lógica, y entra en escena el viejo y querido plan B. Se bajan las pretensiones, se alquila algo más pequeño, se regatea el precio con la convicción de un musulmán en el mercado, y se logra el objetivo de poder ir en comunión a ver a ese CERRI peleador y compañero de toda la vida.
Una vez que arranca la bañadera, ya todo está en calma. Calma? Las pelotas, calma ¡¡¡. En el Cerri nunca hay calma, ni la habrá jamás. Ah j aja. El chofer (muy piola, por cierto) no tuvo mejor idea que antes de ir hacia Colonia, pasar por su casa en el Cerro a buscar vaya a saber uno qué carajo, y nos cruzamos con camisetas y bombos de la banda de un club cuyos colores son el celeste y blanco. Creo que los agarramos tan pero tan concentrados en el partido que tenían contra otro equipo de la curva de Maroñas, que el ómnibus se paseó por toda la calle Rio de Janeiro y logramos llegar hasta la ruta sin que ningún elemento contundente colapsara contra nuestra nave espacial.
A partir de ahí me dije a mi mismo: “Nunca subestimes un simple viaje a Colonia, vení preparado para todo, negro”.
Una vez que la bañadera logró encontrar asfalto del bueno , empezó el bombo a hacer sus primeras introducciones y los pelotudos de siempre que piensan que van a poder dormir todo el viaje, una vez más se dieron contra la dura realidad de la percusión en los pasillos de un ómnibus cerrado. Y entonces ya está. No hay más tranquilidad, empieza lo irracional, la música ambiental en vivo y en directo, las bebidas de todas las nacionalidades que empiezan a brotar de abajo de los asientos, del interior de mochilas, de adentro de camperas, bolsas de supermercado, y sobre todo, los cigarrillos hechos a base de los mejores yuyos que brinda nuestra nación, y que pronto estarán en todas las estanterías de nuestros afamados comercios, según se comenta por los pasillos del Palacio de los Doctores.
Con ese panorama, ya no hay lugar para un dialogo coherente. Todo es música, todo es surrealismo, y arranca el viejo y querido Cancionero de Cabecera, que en vez de sonajero, se hace con redoblante y bombo.
Aparece en escena un vasito inofensivo con el estampado de Bob esponja, pero que por dentro encierra cosas que impulsan a que el organismo llegue a su estado de éxtasis musical y melódico.
Y así transcurre el camino hasta la vieja Colonia del sacramento. Una vez que llegamos, hasta los adoquines van sintiendo la presencia de gente conquistadora, de gente que viene a llevarse algo, que no vino a visitar y nada más. Que vino por algo más que tres puntos. Vino por todo. Y copó, y cantó, y aunque parezca raro, si 33 hombres liberaron a este país en la playa de la agraciada, por qué 33 bardos no pueden adueñarse de una comarca tranquila y pacífica.
Así es el Cerri, así de l´rico, así de quijotesco. Así de utópico. La vida es una utopía eterna, y nosotros lo ejercemos día a día. Otros en nuestra situación, se bajan del ómnibus, caminan calladitos hasta el estadio, miran un partido, se suben y se van para su casita. Pero el cerri es otra cosa, es fiesta, es carnaval. Y por eso nos conocen. Es nuestra esencia, es nuestro sello de identidad. Así seamos mil quinientos o 500 o 10 personas. Uno lleva esa cosa por dentro que nos dice: Qué me importa si somos 10, 20 o 30. Acá copamos y punto. Siempre me pone tensa esa situación, porque nunca sé con qué me puedo encontrar, pero esa adrenalina es tremenda, es única.
Al bajar de la nave espacial, entra en escena la sesión de fotos, la que nunca puede faltar. Se busca el mejor perfil,  el mejor paisaje, una imagen que se plasme en la eternidad. Y se logra, “siempre sale la foto”.
Como de costumbre, llegamos a la ciudad de turno sobre la hora, y nos bajamos a unas 15 cuadras de la cancha, y por eso como siempre llegamos pa los 5 minutos del primer tiempo.
La barra de aliento del Plaza Colonia ya estaba instalada, con su infraestructura de bombos y clarinetes desplegada, y cantando tranquilamente. Nos llevó unos minutos instalar las banderas, pero sobre el final del primer tiempo ya estábamos cantando y agitando a todo vapor.
Y la verdad que con que despliega el equipo sobre el terreno de juego, dá gusto agitar. Con todo lo que se habló acerca del tema futbolístico, la verdad es que ninguno de nosotros creyó que pudiéramos competir con dignidad este año. Y la verdad es que por lo menos yo estoy loco de la vida con estos botijas. Están bien paraditos, tocan y tocan, no pierden una sola pelota dividida ( a puro corazón). En fin, siempre la pelota la tenemos nosotros. ¿Y cuanto vale eso ?  ¿No vale nada? Para mi vale un montón, y por lo conversado con el resto de la tribu, la gente está convencida de que ese es el camino, que es así que se debe jugar a este negocio. No se bartolea la pelota, no se dan patadas a lo loco, no se discute con los jueces solamente por  hinchar las pelotas, no se generan discusiones al cuete con los contrarios. Solamente se intenta jugar al futbol y llegar con claridad al arco rival.
Lógicamente se están pagando las consecuencias de no haber hecho una pretemporada acorde a las necesidades, y nos cuesta llegar con aire suficiente a la ciudadela rival.
El 0 a 0 final puede dejar en el aire ( sobre todo en la mente de los que no pudieron asistir el cotejo) una aureola de aburrimiento, pero los que estuvimos allí sabemos que no es así. Hasta el ultimo suspiro estuvimos rondando el arco de los Patas blancas, y es justo decir que ellos también metieron y anduvieron rondando el arco con ganas, aunque siempre se encontraron con nuestro golero, que tiene aplomo y muy buenos reflejos.
El empate tuvo un sabor dulce ya que sirve para mantener el invicto, es un punto de visitante en una cancha donde el local siempre complica, y por sobre todas las cosas, nosotros no somos el Milan ni el Barcelona, y un punto para nosotros, es la vida.
Y como si fuera poco, nos quedamos a un punto del liderazgo, habiendo jugado dos partidos de visita.
Una vez que culminó el partido, otra sesión fotográfica, una llenada de combustible en un supermercado local y regresamos hacia el cerrito ya que nos esperaba el festejo de los 83 años del club en la sede social.
A media noche, bombas brasileras, cañitas voladoras y mucha alegría. A continuación asado, chorizos, vino, chusmerío, anécdotas, diálogos futboleros por cada rincón de la sede.
Para finalizar esta crónica del viaje a Colonia, es tiempo de convocar al resto de la tribu y llenar de una vez por todas ese Maracaná el sábado que viene.  Dejen todo, mujer, vicios, actividades domésticas, y vamos a encarar hacia el Borro a ver a esos muchachos que están dando mucho más de lo que nosotros le estamos dando a ellos. Se merecen una cancha con importante presencia de auriverdes, que respalden lo hecho hasta el momento.
Hasta la próxima, compañeros de tribu “El Brasilero”.
 

7 comentarios:

  1. Muy buena Cronica "Brasilero", lamento no poder ir pero algun dia estare junto a uds.,arriba Cerrito.-Daniel Sastre.-

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  2. IMPRESIONANTE LA NOTA ,DESCRIBÍS A LA BANDA DE CERRITO ,TAL CUAL ES.
    POR ESO LA FRASE QUE REZA "CERRITO MÁS QUE UN CLUB,UN SENTIMIENTO INEXPLICABLE "
    EL SABADO ESTOY AL FIRME CON LA TRIBU AURIVERDE.

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  3. No hay más nada que decir respecto a nuestra identidad auriverde.
    Indudablemente, CERRITO ES UN SENTIMIENTO INEXPLICABLE.
    A todos los Cerritenses, FELIZ CUMPLEAÑOS AURIVERDE.

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  4. Genial Brasilero me encanto!!!!
    Si me dejás tomo una frase tuya y hago una bandera. Arriba!!

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  5. M A E S T R O ! ! Es un deleite leer tu crónica.
    Ya estamos ansiosos esperando la próxima.
    Un abrazo para todos.

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  6. Que grande mi amigo. Pero sabés algo...yo soy un indio de esa tribu, también soy un gitano ,y soy un cerristones, , y soy un borracho del maternal, y soy un cumbiero del norte , y soy un hincha, y soy socio, y soy colaborador, y fuí directivo,etc etc... pero lo mas lindo que yo también "SOY CERRITO"

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